martes, 1 de julio de 2008

LA ACCIÓN SOCIAL ESTRATÉGICA O FILANTROPÍA CORPORATIVA

ORUS: ENFOQUE ORIENTADO A SU PROPIO CONTEXTO DE NEGOCIO
Por Aldo Arteaga Angeles.
La filantropía es para muchos un concepto desfasado que sólo genera asistencialismo y nada de impacto social, un camino por donde las empresas han transitado sin resultados alentadores. Sin embargo, la realidad nos muestra que los programas de responsabilidad social empresarial siguen desarrollando acciones aisladas, manteniendo relaciones de paternalismo tradicional con los grupos de interés.

La acción social o filantropía corporativa es entendida como la “dedicación de recursos empresariales a proyectos relacionados con personas desfavorecidas. Son recursos de muy distinto tipo (productos, servicios, capital humano, empleo, financiación, etc.) que se dedican principalmente a servicios sociales, salud, educación, formación profesional y empleo”
[1].

De hecho, las empresas tienen buena predisposición para ayudar a colectivos desfavorecidos y, en una actividad económica como la minería, eso es una práctica común que le permite generar capital social, es decir, construir relaciones de confianza con sus stakeholders conciliando objetivos comunes de desarrollo; el reto es encontrar la mejor forma de hacerlo.

Enfoque estratégico e innovación
Hace unos años, Michael Porter y Mark Kramer sostuvieron en un magistral artículo de la revista Harvard Business Review que existe una manera más estratégica de pensar en filantropía que hacer contribuciones difusas y fragmentadas a la comunidad. Decían que las empresas pueden orientar su colaboración a la comunidad para mejorar su contexto competitivo o la calidad del clima de negocios en los lugares donde operan, con lo cual se alinean metas económicas y sociales, mejorando el horizonte de negocios a largo plazo.

Este enfoque nos lleva a reflexionar que la acción social debe formar parte del propio concepto de empresa, plantearse como un contenido estratégico inseparable de la actividad económica. “La aplicación de la inteligencia empresarial a integrar lo económico y lo social, superando su tradicional dicotomía
[2], abre una nueva dimensión a la acción social empresarial”.[3]

Pero esta acción social también requiere de innovación, que debe ser aplicada a procesos relacionados con capacidades, a la gestión de relaciones con la comunidad, con los proveedores, con la administración pública. “Las empresas líderes en acción social son las que consiguen innovar en su relación con personas desfavorecidas. Trabajan en áreas que la mayoría ni siquiera ha considerado, mejoran sus procesos, crean nuevas soluciones o encuentran nuevas perspectivas. En muchos casos trabajan en equipo con otros, porque entienden que los enfoques económico y social no son contrapuestos sino complementarios.
[4]

Surgen aquí algunas interrogantes: ¿Cómo entienden las empresas su acción social?, ¿de qué forma definen sus objetivos de responsabilidad social?, ¿realmente están añadiendo valor a sus organizaciones y a la comunidad?

Un estudio de caso
De hecho, focalizar la filantropía en el contexto de la empresa rinde importantes dividendos sociales y económicos. Observemos por ejemplo en Chota, donde Río Tinto La Granja necesita, como toda operación minera, un sistema de seguridad para proteger sus instalaciones de robos, invasiones y daños a sus trabajadores o a la propiedad. El proveedor de este servicio es Orus, que como parte de su estrategia de responsabilidad social combinó la política de generación de empleo local, asumida por su cliente, con el contexto de su negocio.

Es decir, su contexto no es otra cosa que proveer sistemas de seguridad y personal especializado en vigilancia privada. Orus no estaba pensando, por ejemplo, en capacitar personas en bisutería para que éstas mejoren sus ingresos familiares; la empresa pensó en su propio contexto y puso en práctica su capacidad innovadora: Identificó una oportunidad, reclutó ronderos de la zona de influencia y los capacitó para incorporarlos en su planilla, con lo cual obtiene las siguientes ventajas comparativas:

Fortalece su reputación porque atiende las expectativas de un grupo de interés que ve con buenos ojos que una empresa foránea contrate personal de la zona. La generación de empleo local es un tema preponderante para las organizaciones que se asientan en zonas empobrecidas; estamos hablando aquí de inclusión social de grupos económicamente desfavorecidos pero que tienen capacidades que se alinean con las necesidades de la organización.
Genera capital social. Siendo las rondas campesinas parte importante en la estructura social de la comunidad, las relaciones de confianza que se construyan contribuirán en alguna medida a obtener la licencia social para operar.
Mejora su contexto competitivo, porque comprende y adopta el conocimiento de la cultura local, optimizando la seguridad y minimizando los riesgos de robos, pillaje u otras amenazas. La experiencia, la legitimidad y el dominio de territorio que tienen los ronderos se convierten en capital intangible para la empresa, a esto llamamos gestión de la multiculturalidad.
Añade valor a su servicio y consolida las relaciones comerciales con su cliente, porque su iniciativa contribuye con la política de relaciones comunitarias de Río Tinto.

Estamos ante una buena práctica de responsabilidad social que involucra a proveedor, cliente, comunidad y público interno. Vemos cómo la innovación puede integrar adecuadamente lo económico y lo social, lo cual significa una ventaja competitiva. Este tipo de empresas apuntan inteligentemente a crear mejores condiciones para la sostenibilidad de su entorno y de su propio negocio.
La idea es que cualquier empresa, por más grande o pequeña que sea, pueda desarrollar una acción social con personalidad propia, sin perder su legítimo derecho de generar utilidades.

[1] Fundación empresa y Sociedad, 1997.
[2] Milton Friedman postulaba que lo económico y lo social no eran compatibles, que el objetivo primordial de toda empresa es generar riqueza para sus accionistas.
[3] Manual de la empresa responsable; Capítulo 11: Innovación y acción social de la empresa. Biblioteca empresarial Cinco Días; noviembre 2005.
[4] Manual de la empresa responsable; Capítulo 11: Innovación y acción social de la empresa. Biblioteca empresarial Cinco Días; noviembre 2005.

Una Ley con inspiración responsable

Una Ley con inspiración responsable
Buenas prácticas gubernamentales

El gobierno peruano decretó en diciembre de 2008, la reducción de impuestos que gravan a los vehículos nuevos. Posiblemente esta noticia causó alegría entre aquellos compatriotas que aspiran con todo derecho a acceder a un auto de estreno y desean darles un poco de mayor bienestar a sus familias. En el fondo esta medida pretende renovar nuestro parque automotor para hacerlo menos contaminante, promover la reconversión de automotores a gas natural y estimular el reemplazo paulatino del diesel por medio de un bono de chatarreo.

Sin duda se trata de una ejemplar práctica de Responsabilidad Social gubernamental que impacta positivamente a diversos grupos de interés y en distintos ámbitos. Esto demuestra que la gestión de la Responsabilidad Social también puede ser liderada desde los gobiernos bajo una perspectiva estratégica que permite construir ciudadanía y propiciar el desarrollo orientado hacia objetivos de sostenibilidad.

Aunque la iniciativa tiene que ver con el cuidado ambiental, no deja de ser una acción socialmente responsable con visión de futuro donde todos pueden ganar y beneficiarse de alguna manera:

-Gana el ciudadano porque más personas podrán comprarse un vehículo nuevo ya sea para uso particular o para trabajar.

-Gana la ciudad porque se eleva la autoestima de una colectividad acostumbrada a vivir entre humaredas y chatarra.

-Gana el medio ambiente porque se reduce las emisiones de plomo y azufre, lo cual minimiza también los efectos nocivos a la salud.

-Mejoran los estándares de seguridad (frenos, luces, cinturones de seguridad, etc.), por tanto disminuyen los riesgos de accidentes y lesiones.


-Propicia una dinámica económica traducida en mayores ventas, demanda de servicios y generación de empleo indirecto.

A esto llamamos cohesión social. El solo hecho de intentar masificar el uso del gas (GLP o GNV) permitirá un ahorro significativo para el usuario y reducir costos para las empresas de transporte, los gobiernos municipales obtendrán mejores ingresos por impuesto vehicular -sobre todo si se grava a vehículos con más de veinte años de antigüedad- lo cual debe traducirse en mejor infraestructura vial; el Gobierno central mejora su imagen tanto interna como externa. No olvidemos que los Objetivos del Milenio y el Pacto Mundial son órdenes globales que exigen a los países un compromiso con el medio ambiente, en tal sentido, gana la comunidad internacional preocupada por afrontar el cambio climático.

Sin embargo, debemos tener prudencia con la reglamentación del decreto. Como toda acción que busca mejorar la calidad de vida de la sociedad, es importante identificar los riesgos que ella conlleva. Ojo que debemos plantearnos metas concretas en la tarea global de reducir la emisión de CO2, se trata de reemplazar el polucionado parque automotor que tenemos y no tanto incrementarlo porque además no tenemos espacio suficiente para soportar su crecimiento ostensible. La acción social responsable debe ir de la mano con indicadores adecuados para medir sus resultados, cumplir objetivos en plazos definidos y contribuir con la sostenibilidad del país.

Artículo escrito y publicado por Aldo Arteaga Angeles, en revista Stakeholders N°10

Más de 20.000 vehículos públicos deben ser retirados

Pronto serán chatarra que pasará por fundición

-Representan el 75% del sector, tienen más de 15 años y son contaminantes.
-Gobierno aún no ha otorgado las partidas para incentivar el cambio. Municipalidad de Lima necesita US$54 millones para bonos de chatarreo.
-Renovación del parque automotor podría tardar 40 años por falta de fondos.

Ver más en: Diario El Comercio